jueves, 12 de septiembre de 2013

Río Rojo, hablando con cautela


“Río Rojo” fue estrenada en cines en 1948 bajo la dirección de Howard Hawks, reconocido por sus atmósferas tanto oscuras como pesimistas, y sus personajes ambiguos y testarudos. Hawks fue de los pocos directores de Hollywood que expresaba su inconformidad con el gobierno de forma directa, cosa que en aquella época podría haberle costado no sólo su carrera sino también su vida.

Pese a ser un western, “Río rojo” evidencia el gusto de Hawks hacia el cine negro y las sociedades en decadencia. Es obvio que sus películas previas influyeron en esta historia, que por decirlo de alguna manera, es una evolución de su obra o una transformación de la misma.

En “Scarface”(1.932) –también dirigida por Hawks- el pesimismo era plasmado utilizando la oscura figura del anti-héroe criminal que perjudicaba a la sociedad. Al final este personaje era castigado con la muerte convirtiendo la historia en una tragedia. Sin embargo, en “Río Rojo”, la figura de anti-héroe es vista de otra forma. A Thomas Dunson (John Wayne), el protagonista inicial, le vemos transformándose poco a poco en un hombre obsesivo y controlador, incapaz de administrar con sabiduría el poder. Dunson pierde la credibilidad de sus hombres y pasa de ser un líder a un dictador.

Poco a poco vamos descubriendo que “Río Rojo” es mucho más de lo que se espera de un western común y corriente. La película está cargada de simbolismos y representaciones. La historia de Matt Garth, el hijo adoptivo de Thomas Dunson, tiene un estilo edípico, pero también es el reflejo de la necesidad de las generaciones más jóvenes por expresar sus ideologías.

Howard Hawks jamás se habría limitado a hacer una historia sencilla con los conceptos básicos del western. En vez de eso terminó construyendo una obra maestra que pudo haber tenido un final extraordinario, pero que lamentablemente, por culpa de las políticas de Hollywood, se vio obligada al tan odiado “final feliz”. Se dice que Hawks era un hombre directo y con posturas claras. En  los inter-títulos iniciales “Scarface”(1.932) enviaba un mensaje claro cuestionando las políticas del gobierno respecto a la mafia. Sin embargo en “Río Rojo” al director se le percibe un poco más tranquilo y entregado a la industria cinematográfica.

Pero a Hawks no se le puede reprochar por lo que hizo, hay que entender que la película fue realizada en los Estados Unidos durante la posguerra. En Europa surgían expresivos movimientos como el neorrealismo italiano que era una reacción a la industria cinematográfica propagandística. Los realizadores de dicho movimiento, consideraban que la industria era artificial y falsa porque se enfocaban en mostrar un país bello para venderlo al mundo; olvidando el realismo y los percances de las clases medias y bajas.

Sin embargo, dicho movimiento sólo pudo existir porque la industria cinematográfica  italiana cayó en banca rota durante la segunda guerra mundial, lo que le permitió a los artistas reconstruir y moldear el arte. En Estados Unidos ocurrió lo contrario porque el territorio no sufrió tantas pérdidas durante la guerra. Así que los artistas de Hollywood no tuvieron la misma suerte de los europeos y tuvieron que seguir como la industria lo dictaba.

Los políticos estadounidenses sabían del poder que tenía el cine e hicieron pactos con los principales estudios de Hollywood, en los que obligaban a que todos los directores y miembros de la industria juraran respetar y seguir la constitución política.

Esto le complicaba las cosas a los artistas estadounidenses. Los políticos estaban prevenidos, temían que su país pudiese estar contaminado con comunistas o cualquiera que estuviese en contra de ellos. Incluso el FBI hizo seguimiento a Marilyn Monroe porque, según ellos, tenía una ideología cercana al comunismo. Hasta Charles Chaplin, el director más grande de todos los tiempos, fue exiliado después de estrenar “El gran Dictador”. Los políticos lo consideraron una amenaza y creían que tenía nexos con el comunismo.

Por lo tanto, Howard Hawks y sus colegas debían ser demasiado precavidos cuando hacían sus películas –así como lo fue Shakespeare en su época-, si no querían arriesgar sus carreras y dejar de hacer lo que más amaban. Fue por eso que en Estados Unidos, pese a no a haber cambios radicales en la industria del cine, los directores se enfocaron en mostrar con cautela su falta de fe y sus esperanzas de cambio, con géneros como el cine negro.

¿Será por eso que Howard Hawks tuvo miedo de poner un final demasiado trágico en Río Rojo? ¿Temía que su historia llamara demasiado la atención de los políticos? No lo sabemos, sin embargo en la cinta hay matices de lo que pudo haber sido la ideología de Hawks. Por ejemplo, la idea de ver cómo Matt, el hijo adoptivo de Thomas, es capaz de dominar el poder con más sabiduría y plenitud; podría indicarnos que el director pensaba que los jóvenes debían ser más seguros de si mismos y apostarle a sus nuevas ideas sin miedo a la opresión.

Algunas personas suelen menospreciar el western al considerarlo un género típico de lo americano que sólo se originó por una búsqueda de tener una identidad socio-cultural. También suelen ser subestimarlo por su evidente violencia y agresivos personajes, a los que se les ve como íconos estadounidenses.

Sin embargo hay que ver mucho más allá para encontrar el lado más enriquecedor del género y comprender el por qué de su origen y evolución. A fin de cuentas, fue en éste género donde se camuflaron los grandes directores de la edad dorada de Hollywood para enviar sus mensajes satíricos acerca de la pérdida de valores y esperanza después de la segunda guerra mundial.

Incendios - Reseña


Las comedias y dramas griegos estaban a disposición del pueblo para transmitirle valores universales. Hoy en día el cine también desempeña esta labor, aunque muchas películas suelen dejar el desaire de haber malgastado el tiempo del espectador. Sin embargo existen otras como “Incendios” (2010), que cumplen el propósito que buscaban los griegos, y recuerda cuál es el verdadero sentido de contar historias. Y tampoco es de extrañar que el drama de “Incendios” –dirigida por Denis Villeneuve- se base en una obra teatral hecha por el dramaturgo Wajdi Mouawad, un libanés-canadiense que se graduó de la Escuela Nacional de Teatro de Canadá.

“Incendios” nos muestra una familia que parece estar destinada a sufrir por las consecuencias del conflicto armado en Líbano entre cristianos y musulmanes. Pese a que los personajes en algún momento llegan a estar envueltos en el conflicto e incluso llegan a tomar un bando, lo que los mueve desde el principio es el amor y no sus ideologías religiosas o políticas.

El amor para encontrar a su propio hijo en las situaciones más adversas, es lo que mueve a Nawal, la protagonista. El profundo deseo de tener renombre para que su madre pueda verlo, es la motivación de Nahid, hijo de Nawal. Y la necesidad de conocer el pasado de su madre para poder entenderla mejor, es la razón por la que Jeanne y Simon salen de su cómoda realidad para ir a la tierra en dónde se originaron los sufrimientos del pasado familiar.

De esto se puede deducir que la motivación interna de todos los personajes es conseguir la unión familiar. Todos lo hacen con métodos diferentes: la venganza para hallar sanación; la resignación de haber fallado y la búsqueda del aislamiento; la obligación de un compromiso sagrado; y finalmente, la búsqueda del perdón. Éste último es el que la película muestra como el método apropiado, el único que permite que “se rompan todos los hilos de cólera” y que se alcancé la preciada reconciliación familiar.